Pérdida de las 116 páginas
José Smith recibió las planchas de oro del ángel Moroni y comenzó la traducción del Libro de Mormón. José y Emma se mudaron a Harmony, Pensilvania para estar cerca de la familia de Emma. En febrero de 1828, Martin Harris, un terrateniente adinerado de Palmyra, llegó para ser escriba de José. Para junio de 1828, 116 páginas se habían traducido. Estas páginas contenían información del libro de Lehi, el primer profeta del Libro de Mormón. Su hijo, Nefi, hace mención de este libro: “haré un compendio de los anales de mi padre sobre planchas que he preparado con mis propias manos; por tanto, después que los haya compendiado, escribiré la historia de mi propia vida.” (1 Nefi 1:17)
Para ese entonces, la familia de Martin Harris estaba un poco escéptica de la traducción de las planchas y se molestaba porque él estuviera dedicando tanto tiempo y dinero al proyecto. Martin pidió a José numerosas veces que si podía llevarse el manuscrito de las 116 páginas para enseñárselas a su familia. A insistencias de Martin, José preguntó al Señor si debería permitir que se llevara las páginas. José Smith relata lo que sucedió: “al fin le pregunté, y la respuesta fue que no lo hiciera. Sin embargo, él no quedo satisfecho con esa respuesta e insistió que le preguntara de nuevo. Así lo hice y la respuesta fue igual a la anterior. Pero él siguió insatisfecho y continuó importunándome para que preguntara de nuevo. Después de mucho rogármelo, volví a preguntarle al Señor y Él entonces nos otorgó permiso para que se llevara los escritos bajo ciertas condiciones.” (History of the Church 1:21) Estas condiciones eran que Martin sólo se lo mostraría a su hermano, sus padres, su esposa y su cuñada. Martin, entonces, viajó a Palmyra. Mientras Martin Harris estuvo ausente, José visito a sus padres en Manchester.
José no preguntó por las páginas hasta después del tiempo en que Martin había prometido regresar a Harmony. En Manchester, Martin admitió renuentemente que había perdido el manuscrito y que no había guardado su parte del trato de sólo enseñárselo a su familia. José estaba angustiado y compartió la responsabilidad por la pérdida de las páginas. En ese entonces, se pensaba que la esposa de Martin estaba molesta de que no se le permitiera ver las planchas de oro y que por eso tomó el manuscrito y lo quemó.
Debido a su error, y por insistir en la misma cosa después de que el Señor había dado a conocer su voluntad, el ángel Moroni le quitó a José las planchas y el Urim y Tumim por un corto tiempo. Después de un arrepentimiento sincero y una humildad renovada, José recibió las planchas y el Urim y Tumim el 22 de septiembre de 1828.
En cuanto al asunto, el Señor le dijo a José: “He aquí, se te confiaron estas cosas, pero cuán estrictos fueron tus mandamientos; y recuerda también que las promesas que te fueron hechas, si no los quebrantabas…pues he aquí, no debiste haber temido al hombre más que a Dios. Aunque los hombres desdeñan los consejos de Dios y desprecian sus palabras, sin embargo, tú debiste haber sido fiel; y con su brazo extendido, él te hubiera defendido de todos los dardos encendidos del adversario; y habría estado contigo en todo momento de dificultad.” (Doctrina y Convenios 3:6,7-8)
Aunque José volvió a recibir las planchas, el Señor le dijo que no volviera a traducir las páginas perdidas porque las personas que se las robaron habían alterado el manuscrito y tenían planes de publicarlo con para desacreditar los reclamos de José de que su traducción era inspirada. En vez de comenzar de nuevo con la traducción, se le dijo a José que tradujera las planchas pequeñas de Nefi. Ahora las conocemos como todos los libros del Libro de Mormón desde 1 Nefi hasta Omni. Según la revelación que José registró, estas planchas pequeñas cubren aproximadamente el mismo periodo de tiempo que las 116 páginas que se perdieron. Mormón, el profeta que recopiló el Libro de Mormón, tuvo la impresión de incluir las planchas pequeñas en su registro: “…tomaré estas planchas que contienen estas profecías y revelaciones, y las pondré con el resto de mis anales…y hago esto para un sabio propósito; pues así se me susurra, de acuerdo con las impresiones del Espíritu del Señor que está en mí. Y ahora bien, no sé todas las cosas; mas el Señor sabe todas las cosas que han de suceder; por tanto él obra en mi para que yo proceda conforme a su voluntad.” (Palabras de Mormón 1:6-7)
Hoy en día, la historia del manuscrito perdido es muy conocida entre los miembros de la Iglesia y se utiliza para enseñar varios principios. Algunos de ellos son: primero, estar satisfechos cuando se recibe una respuesta del Señor; segundo, es importante ser fiel a las promesas que hacemos; tercero, Dios perdonará; y cuarto, el plan de Dios no se puede frustrar.