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Restauración

La Restauración

“Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido”

Daniel 2: 44

En el Antiguo Testamento hay una profecía de interés especial para nuestra época. La profecía se da cuando Daniel, un joven hebreo, interpreta un sueño del rey Nabucodonosor. Daniel revela que, en el sueño, el rey vio “lo que ha de acontecer en los postreros días” (Daniel 2:28).  Relata la sucesión de los grandes imperios del mundo antiguo hasta una división, en la que algunos reinos permanecen fuertes como hierro, y otros son frágiles como barro cocido, tal como lo vemos en el mundo actual. La profecía de Daniel es que “en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido” (Daniel 2:44).  Esta profecía se cumplió con el establecimiento de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y comenzó con el llamamiento de José Smith.

El reino que Jesucristo había establecido cayó poco después de la muerte de los apóstoles. En su predicación, Juan el Bautista anunciaba que “el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2). Este reino fue la Iglesia que Jesucristo mismo había organizado (véase Mateo 16:18-19, Efesios 2:19-20, 4:11-14).  Sin embargo, en el primer siglo después de la resurrección de Jesucristo se comenzaron a cumplir las profecías de los apóstoles de que “en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe” hasta el tiempo, “cuando no sufrirán la sana doctrina… y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas” (1 Timoteo 4:1, 2 Timoteo 4:3-4). El cumplimiento de estas profecías es evidente hoy.  Existen miles de iglesias cristianas, cada una predicando a su manera, utilizando la lógica y el razonamiento en vez de la inspiración para establecer su doctrina. La confusión que estas doctrinas ocasionan es un gran indicador de que algo anda mal. Estas realidades confirman que las profecías de los apóstoles se han cumplido y que la Iglesia de Jesucristo cayó.

José Smith fue elegido para restaurar la Iglesia caída de Jesucristo y dar cumplimiento a la profecía de Daniel. José creció en una región donde la confusión en cuanto a la religión era difícil de evitar. Cuando él tenía catorce años de edad, comenzó a haber una gran agitación sobre el tema de la religión. Todos los grupos predicaban conforme a sus propias doctrinas e intentaban que todas las personas de la región se congregaran en alguna iglesia. Pero cuando las personas se congregaban en las diferentes sectas, se daban cuenta que la agitación se volvía una competición. Cada secta predicaba en contra de las otras, creando así una gran confusión. Llegó a tal grado que ni se podía utilizar la Biblia para resolver las diferencias entre las doctrinas.  José Smith escribió: “los maestros religiosos de las diferentes sectas entendían los mismos pasajes de las Escrituras de un modo tan distinto, que destruían toda esperanza de resolver el problema recurriendo a la Biblia” (José Smith-Historia 1:12).

Estas diferencias impulsaron al joven José Smith a una seria reflexión. Esta confusión le causó gran inquietud y sentimientos profundos e impresionantes al respecto. No sabía qué hacer para saber cuál de todas las iglesias era la correcta. Siguió meditando y estudiando, buscando algo que le indicaría, sin dejar lugar a dudas, cuál era la iglesia verdadera.  A continuación, él describe lo que sucedió: “Agobiado bajo el peso de las graves dificultades que provocaban las contiendas de estos grupos religiosos, un día estaba leyendo la Epístola de Santiago, primer capítulo y quinto versículo, que dice: ‘Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.’ Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró el corazón de un hombre con más fuerza que éste en esta ocasión, el mío. Pareció introducirse con inmenso poder en cada fibra de mi corazón. Lo medité repetidas veces, sabiendo que si alguien necesitaba sabiduría de Dios, esa persona era yo” (José Smith-Historia 1:12). José Smith decidió obedecer el consejo de Santiago de pedirle a Dios.

Una mañana de primavera, en 1820, José Smith se apartó a una arboleda cerca de su hogar, para buscar la guía de Dios en oración. Se arrodillo y comenzó a elevar a Dios los deseos de su corazón. La respuesta que recibió para siempre cambió el mundo. Dijo él: “vi una columna de luz, más brillante que el sol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí. Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre y dijo, señalando al otro: ‘Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!’” (José Smith-Historia 1:16-17).  José Smith recibió la visita de Dios el Padre, y Su Hijo Jesucristo como respuesta a su oración.

Había sido su propósito averiguar cuál iglesia era la verdadera. Ciertamente Dios y Jesucristo sabían qué iglesia estaba autorizada para representarlos sobre la tierra.  José Smith hizo la pregunta. La respuesta que recibió confirma para siempre las profecías de los apóstoles: “Se me contestó que no debía unirme a ninguna, porque todas estaban en error; y el Personaje que me habló dijo que todos sus credos eran una abominación a su vista; que todos aquellos profesores se habían pervertido” (José Smith-Historia 1:19).  Dios el Padre y Jesucristo confirmaron que Su Iglesia había caído.  El hecho de que la Iglesia de Jesucristo estuvo perdida tanto tiempo es una gran tristeza. Pero esta visión que José Smith recibió lo calificó como un profeta verdadero de Dios.  Nuevamente había un hombre que podía establecer el reino de Dios con todos los estatutos y autoridad de Él.

La profecía de Daniel se cumple en el llamamiento de José Smith. Daniel dijo: “el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido” (Daniel 2: 44). Se sabe que Dios obra por medio de profetas. En Amós 3: 7 se lee: “porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele sus secreto a sus siervos los profetas.” Estas dos escrituras hacen evidente el papel integral de un profeta en el establecimiento del reino de Dios sobre la tierra en estos “postreros días.”  Bajo la instrucción de Dios, José Smith procedió a establecer la Iglesia de Jesucristo. El 6 de abril de 1830, seis personas se reunieron para cumplir con los requisitos de la ley y formalmente se organizó la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Desde entonces, la Iglesia se ha extendido sobre la faz de la tierra, y hoy está presente en casi todos los países del mundo. Este crecimiento se parece mucho a lo que describió Daniel en la interpretación del sueño en la que el reino de Dios “llenó toda la tierra” (Daniel 2: 35).  Nada se ha hecho sin la guía de Dios. El tercer presidente y profeta de la Iglesia declaró: “´[Dios] jamás permitirá que os desvíe yo ni ningún otro hombre que funcione como Presidente de esta Iglesia. No es parte del programa. No existe en la mente Dios. Si yo intentara tal cosa, el Señor me quitaría de mi lugar, y así lo hará con cualquier hombre que intente desviar a los hijos de los hombres de los oráculos de Dios y su deber” (Woodruf, W. Citado en Declaración Oficial 1 de Doctrina y Convenios). La Iglesia de Dios está en Sus manos.

José Smith fue un profeta de Dios. Las obras que hizo en vida, y el potente testimonio que selló con su muerte dejan poco que dudar en cuanto a su llamamiento divino. La iglesia que estableció, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es la verdadera Iglesia de Jesucristo y el reino de Dios sobre la tierra, y representa un reino que permanecerá para siempre.

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