Dispensaciones
“¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”
(Mateo 23: 37)
En la Guía para el Estudio de la Escrituras se define una dispensación como, “un periodo de tiempo durante el cual el Señor tiene en la tierra por lo menos un siervo autorizado que posee el santo sacerdocio.” Estos siervos se conocen como profetas o apóstoles.
El trabajo de los profetas es poner al alcance de los hijos de Dios las bendiciones del evangelio. Ellos predican el evangelio. Ellos dirigen y organizan el pueblo de Dios. Cuando las personas obedecen a los profetas reciben la paz y la felicidad prometidas.
Por medio de los profetas Dios organiza a su pueblo. En la Biblia, hay dos ejemplos claros de las organizaciones que surgen por medio de los profetas. Moisés organizó a su pueblo. Jetro, el suegro de Moisés le dio la siguiente sugerencia: “escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud… y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez. Ellos juzgarán al pueblo en todo tiempo; y todo asunto grave lo traerán a ti, y ellos juzgarán todo asunto pequeño. Así aliviarás la carga de sobre ti, y la llevarán ellos contigo.” Agregó lo que era el trabajo de Moisés: “enseña a ellos las ordenanzas y las leyes, y muéstrales el camino por donde deben andar, y lo que han de hacer.” Y por último le dio su bendición: “Si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y también todo este pueblo irá en paz a su lugar” (véase Éxodo 18:13-27). Cada grupo de diez, cincuenta, cien o mil, obraba bajo la dirección del profeta, y no según sus propias leyes. Era importante que estos grupos no cambiaran las cosas que Moisés les enseñaba.
Los apóstoles dirigían la Iglesia de Cristo. En Efesios 2: 19-20, Pablo habla de los fundamentos de esta organización. “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.” Y en Efesios 4, Pablo explica que el propósito de la organización era llegar “a la unidad de la fe” (véase Efesios 4:11-14). Este objetivo se logró por un tiempo en la época de los apóstoles, como se ve en la frase “tenían en común todas las cosas” (Hechos 2:44-45). Los que querían recibir las bendiciones del evangelio en la época de los apóstoles, se unían a la Iglesia que Cristo mismo había formado. No estaban divididos en grupos con diferentes creencias. Estos dos ejemplos ayudan a ilustrar que cuando hay un siervo de Dios sobre la tierra, él está a la cabeza de la organización autorizada por Dios, en otras palabras, el profeta está a la cabeza de la Iglesia verdadera.
Las personas no siempre eligen obedecer a los profetas. Elías el profeta declaró al Señor: “los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida” (1 Reyes 19:14). Dado que Dios respeta el albedrío de las personas, cuando esto sucede, Dios retira a sus profetas de entre el pueblo y permite que anden a oscuras. El pueblo entonces pierde el camino hacia Dios, la felicidad y la salvación. Este estado se conoce como apostasía.
Dios no permite que el pueblo permanezca en obscuridad, sino que, con el tiempo, vuelve a extender su brazo. Llama a un nuevo profeta y da inicio a una nueva dispensación. En la Guía para el Estudio de las Escrituras, se explica lo que significa que Dios inicie una nueva dispensación. “Cuando el Señor organiza una dispensación, revela el evangelio nuevamente, de manera que la gente de esa dispensación no tenga que depender de las anteriores para conocer el plan de salvación.” Las dispensaciones demuestran el amor de Dios hacia sus hijos.
En la antigüedad, los profetas que han dado comienzo a nuevas dispensaciones son: Adán, Enoc, Noé, Moisés y Jesucristo. Cada una de estas nuevas dispensaciones comenzó después de un periodo de apostasía. Es importante notar que una nueva dispensación no busca reformar, ni corregir una organización en apostasía, pero establece nuevamente la organización verdadera de Dios. Por ejemplo, Jesucristo no buscó reformar las enseñanzas de los fariseos o los saduceos, sino que organizó por completo su propia Iglesia, con su propia autoridad (véase Mateo 16: 13-20).