Dios obra por medio de profetas
“El que recibe al que yo enviare, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.”(Juan 13:20)
Dios desea la felicidad de sus hijos. Uno de los versículos más conocidos del Nuevo Testamento ilustra el gran amor de Dios, y lo que Él estuvo dispuesto a hacer para ayudarnos a alcanzar la felicidad. En Juan 3: 16 se lee: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” El sacrificio de Jesucristo en sí no es suficiente sin las enseñanzas de Dios, o el evangelio de Jesucristo. Pablo explicó: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique?” (Romanos 10:14). Para que hubiera “quién les predique,” Dios ha llamado profetas desde el principio.
La manera en la que Dios da a conocer su voluntad al hombre es por medio de profetas. Dios depende de los profetas para dar a conocer su voluntad. Amos 3:7 explica la gran importancia de éstos en la ejecución de la obra de Dios. “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.” La Biblia contiene muchos ejemplos de este principio. Antes del diluvio, Noé fue enviado para advertir al mundo. Moisés fue elegido y preparado para llevar a cabo el éxodo del pueblo de Israel de Egipto. Antes de condenar la ciudad de Nínive, un renuente Jonás fue elegido para hacer la obra de Dios. Los profetas son un canal de comunicación entre Dios y el hombre. Moisés enseñó esto a su hermano: “Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él…Cara a cara hablaré con él y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová.”(Números 12:6,8).
Un profeta es un hombre digno de la confianza de Dios. Recibe la voluntad de Dios por medio de revelación. A la vez, el profeta predica el evangelio tal y como lo recibe de Dios. Dios también comparte con los profetas Su autoridad. De esta manera los profetas pueden efectuar las ordenanzas del evangelio, dirigir la Iglesia o el pueblo de Dios, y cuando sea necesario, y la fe del pueblo lo amerite, efectuar milagros. Bajo esta definición, los apóstoles de Jesucristo también cumplen el propósito de los profetas.
Los profetas son necesarios en toda época del mundo. Los profetas enseñan la voluntad de Dios específica para esa época. Moisés enseñó los diez mandamientos y la ley de Moisés. En esa época era lo que el pueblo de Dios estaba dispuesto a recibir, y fue lo que Dios les dio. En la época de los apóstoles, Pablo habló de, “un camino aun más excelente” (1 Corintios 12: 31), que predicaron los apóstoles. Ellos predicaron el evangelio que Cristo les dio; una ley no sólo de obras, como la ley de Moisés, sino de corazón también. Este cambio se llevó a cabo según la voluntad de Dios. Él decide cuánto de Su palabra estamos preparados para recibir. En nuestros tiempos también necesitamos guía constante de Dios. La Biblia es la palabra de Dios, y allí se encuentra la voluntad de Dios en los tiempos antiguos. Pero hoy existen tantas cosas que no existían antes en los tiempos bíblicos, y es necesario saber la voluntad de Dios en cuanto a ellas. Por ejemplo, el hecho de que existan muchas iglesias cristianas. No hay manera de que el hombre pueda llegar a conclusiones concretas en cuanto a eso. Lo que Dios ha hecho en el pasado es hablar con su profeta y aclarar el asunto. Si Dios es un ser inmutable, como lo dicen las escrituras, podemos esperar con toda confianza de que Él extienda su brazo para darnos la guía que tanto necesitamos en estos días.
El hecho de que Dios llame a profetas es testimonio de que Él nos ama. Los profetas han representado a Dios sobre la tierra desde el principio. Ya que representan a Dios sobre la tierra, los profetas han sido una gran bendición. Sin importar la época del mundo, un verdadero profeta de Dios, siempre será una gran bendición para las personas que están dispuestas a escucharlo.