Organización
En las escrituras que hablan acerca de nuestros últimos días hay cosas que nos dan mucha esperanza. Si bien se mencionan todas tribulaciones y guerras que nos esperan, también mencionan la obra de Dios. Se menciona que habrá una “restauración de todas las cosas” (Hechos 3:21), y que todo se reunirá en Cristo en la “dispensación del cumplimiento de los tiempos” (Efesios 1:10). Una de las más impresionantes es la profecía del reino de Dios, que se encuentra en el libro de Daniel. “Y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre” (Daniel 2:44). Otras profecías mencionan que el Espíritu Santo será derramado sobre muchos. Nuestros días son especiales. El profeta José Smith enseñó: “La edificación de Sión es una causa que ha interesado al pueblo de Dios en toda época; es un tema del cual profetas, sacerdotes y reyes han meditado con placer especial; han anhelado con gozosa anticipación los días en los que vivimos; y animados con anticipaciones gozosas y divinas han cantado, escrito y profetizado de este día nuestro;…somos el pueblo favorecido que Dios ha [elegido] para dar lugar a la gloria de los últimos días”( History of the Church, 4:609–10). Para llevar a cabo su obra sobre la tierra, Dios ha organizado su Iglesia.
En el pasado, Dios siempre organizaba a su pueblo. En el antiguo testamento, se relata cómo Moisés aprendió a organizar al pueblo de parte de su suegro Jetro. Después de que el pueblo salió de Israel, Moisés tenía mucha responsabilidad. La escritura dice que “el pueblo estuvo delante de Moises desde la mañana hasta la tarde”. Jetro se dio cuenta de que era demasiado trabajo para Moisés. Le preguntó: “¿Por qué te sientas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta la tarde?…No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo…Yo te aconsejaré, y Dios estará contigo”. Jetro le enseñó a Moisés cómo organizar al pueblo, y le dio la siguiente promesa: “si esto hicieres, y Dios te lo mandare, tú podrás sostenerte, y también todo este pueblo ira en paz a su lugar. Moisés hizo caso del consejo de su suegro: “Escogió Moisés varones de virtud de entre todo Israel, y los puso por jefes sobre el pueblo, sobre mil, sobre ciento, sobre cincuenta y sobre diez. Y juzgaban al pueblo en todo tiempo; y el asunto difícil lo traían a Moisés, y ellos juzgaban todo asunto pequeño” (Éxodo 18:13-27). Hay evidencias en las escrituras de que siempre hubo cierta organización mientras el pueblo de Israel no se alejaba de los mandamientos de Dios.
Los apóstoles originales de Jesucristo también trabajaban con de una manera unida y organizada. No había duda de quién dirigía la Iglesia. Pablo enseña de la seguridad que la organización de la Iglesia da a las personas: “Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:19-20). También menciona que había una variedad de cargos en la Iglesia. Dijo él: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros evangelistas; a otros pastores y maestros.” El propósito de la organización era claro: perfeccionar a los Santos (o sea, ayudar a los miembros a ser más como Cristo), llegar a la unidad de doctrina, y proteger a los miembros de las doctrinas erróneas (véase Efesios 4: 11-14). Los diferentes oficios y posiciones dentro de la Iglesia existían para este fin, y cada uno cumplía su propósito. Pablo enseñó esta idea a los Corintios al comparar la Iglesia a un cuerpo. Dijo él: “el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos…Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso…el ojo no puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros…Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. Y a unos puso Dios en la Iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas. ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas?¿todos maestros?¿hacen todos milagros?” Pablo entendía que la organización de la Iglesia y sus asignaciones específicas, eran una bendición para la Iglesia en conjunto.
La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene la misma organización, con el mismo propósito, que la Iglesia que Jesucristo formó mientras estuvo sobre la tierra. Está fundamentada sobre apóstoles y profetas. Del llamamiento de José Smith, Dios ha dicho, “sabiendo las calamidades que sobrevendrían a los habitantes de la tierra llamé a mi siervo José Smith, hijo, y le hablé desde los cielos y le di mandamientos” (Doctrina y Convenios 1:17). Siguiendo los mandamientos de Dios, José Smith organizó la Iglesia el 6 de abril de 1830, y en febrero de 1835, organizó el Quórum de los Doce apóstoles. Unos meses antes de su muerte José Smith dijo a los apóstoles: “He sellado sobre sus cabezas todas las llaves del reino de Dios. He sellado sobre ustedes cada llave, poder y principio que el Dios del cielo me ha revelado. Ahora no importa a dónde vaya ni lo que haga, el reino descansa sobre ustedes” (citado en “Fe y Llaves”, Liahona, nov. 2004). Esta misma autoridad ha permanecido sobre la tierra. Como testificó el Presidente Packer: “Ha existido una línea de autoridad ininterrumpida. Las llaves del sacerdocio conferidas a los apóstoles han estado siempre en manos de los miembros de la Primera Presidencia y del Quórum de los Doce” (“Los Doce” Liahona, mayo, 2008). La Iglesia sigue teniendo la organización y la autoridad de Dios. Con la organización de la Iglesia, se trata de cumplir el propósito que Pablo explicó, de tener unidad de fe, por todo el mundo. Una de las herramientas que se utilizan para este propósito son las conferencias. Los apóstoles viajan por todo el mundo y tratan de que su influencia llegue a cada miembro de la Iglesia. Debido a la gran cantidad de miembros, es imposible que visiten personalmente a cada congregación, así que se apoyan en la organización de la Iglesia. Los Setentas, Presidentes de Estaca y Obispos, ayudan a los Doce a llevar su mensaje a cada miembro de la Iglesia. Los apóstoles también se encargan de organizar las lecciones de las clases que se imparten en la Iglesia. Cada congregación de todo el mundo recibe los manuales de enseñanza. De esta manera, la misma doctrina se enseña en cada congregación del mundo. Estos sólo son algunos ejemplos de la manera en que la organización de la Iglesia ayuda en la obra de Dios.
Hay muchas cosas que testifican de un Dios amoroso. La obra que Él está realizando es una de las expresiones más grandes de su amor. Dios siempre ha tratado de juntar a su pueblo, como una gallina junta a sus polluelos. Ha organizado a su pueblo, levantado su Iglesia, y la ha restaurado en estos últimos días. La Iglesia se encarga de llevar a cabo la obra de Dios. A continuación se presentan algunos aspectos de la organización de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
La Iglesia a nivel local
La Iglesia a nivel general
El Sacerdocio
La Sociedad de Socorro