Ley de Castidad

Como parte del plan de salvación, Dios compartió con el hombre el poder para crear vidas. De este poder depende en gran parte el desarrollo del plan de Dios. Es muy sagrado este poder y Dios ha dado leyes estrictas en cuanto a su uso, y castigos muy severos a los que abusan de él. La ley que Dios ha revelado para proteger este poder se llama la Ley de Castidad.

Ésta no es una ley reciente. Uno de los diez mandamientos es en cuanto a este poder. Por medio de Moisés se reveló: “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14). La pena por quebrantar este mandamiento en la antigüedad era la muerte (véase Levítico 20:10). Cuando Jesucristo estuvo sobre la tierra, enseñó que la ley no se limitaba al acto del adulterio. El dijo: “Oísteis que fue dicho: no cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:27-28). La ley que Jesucristo enseñó iba más allá de los actos y tenía que ver con los pensamientos. Como enseñó Alma: “nuestros pensamientos también nos condenarán” (Alma 12:14). Dios siempre ha protegido extensamente el poder de la procreación.

El Señor ha revelado esta ley en la actualidad. A José Smith le dijo: “Y al que mirare a una mujer para codiciarla negará la fe, y no tendrá el Espíritu, y si no se arrepiente será expulsado. No cometerás adulterio, y el que cometa adulterio y no se arrepienta será expulsado” (Doctrina y Convenios 42:23-24). Los líderes de la Iglesia han defienden la Ley de Castidad y la han definido de una manera más extensa en nuestra época. El presidente Boyd K. Packer ha dicho: “La norma se mantiene: abstinencia antes de casarse y fidelidad total en el matrimonio” (“El estandarte de la verdad se ha izado” Liahona, noviembre 2003). Todo lo que puede producir pensamientos inadecuados se debe de controlar. Esto incluye la manera de vestir, la música, películas o aun palabras, cuentos o chistes que sugieren actos inmorales. Todo esto se debe evitar. La pornografía está completamente prohibida por la Ley de Castidad. De seguro sigue en pie la Ley de Castidad.

El quebrantar la Ley de Castidad es un pecado grave. Alma, un profeta del Libro de Mormón se desilusionó cuando su hijo quebrantó esta ley. En sus esfuerzos para ayudarle a llevar a cabo un arrepentimiento completo, le explicó: “¿No sabes tú, hijo mío, que estas cosas son una abominación a los ojos del Señor; sí, más abominables que todos los pecados, salvo el derramar sangre inocente o el negar al Espíritu Santo?” (Alma 39:5). Así que existen sólo dos pecados más graves que el quebrantar la Ley de Castidad. Las consecuencias de quebrantar esta ley pueden ser la excomunión de la Iglesia. Si una persona no se arrepiente de este pecado mientras está en vida, no podrá vivir en el reino celestial con Dios. Es mejor evitar pecar de esta manera tan grave.

A pesar de que es un pecado grave, una persona que ha quebrantado este mandamiento puede recibir el perdón. La expiación de Jesucristo hace posible el perdón de pecados graves. Isaías escribió: “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18). Pero el perdón tiene sus condiciones. El presidente Spencer W. Kimball explicó: “para recibir perdón existen condiciones… El ayuno, las oraciones y la humildad deben de ser iguales o mayores que el pecado. Debe haber un corazón quebrantado y un espíritu contrito… Debe haber lágrimas y un cambio genuino en el corazón. Debe haber un castigo por el pecado, abandono de la maldad, confesión del error a las autoridades debidamente constituidas por el Señor” (Milagro del perdón, pág. 353). Alma amonestó a su hijo a que su arrepentimiento fuera sincero y completo. Le dijo: “sólo deja que te preocupen tus pecados, con esa zozobra que te conducirá al arrepentimiento. ¡Oh hijo mío, quisiera que no negaras más la justicia de Dios! No trates de excusarte en lo más mínimo a causa de tus pecados, negando la justicia de Dios. Deja, más bien, que la justicia de Dios, y su misericordia y su longanimidad dominen por completo tu corazón; y permite que esto te humille hasta el polvo” (Alma 42:29-30). Hay esperanzas para la persona que está dispuesta a someterse al proceso del arrepentimiento.

Obedecer esta ley trae grandes bendiciones. Al obedecer esta ley, podemos vivir sin sentimiento de culpabilidad. A José Smith se le dijo que cuando una persona deja que la virtud engalane sus pensamientos, entonces su confianza se fortalece delante de Dios. Alfred Lord Tennyson escribió elocuentemente: “Mi fortaleza es como la fortaleza de diez hombres, porque mi corazón es puro” (Oxford Dictionary of Quotations, pág. 689). No hay nada en este mundo que se puede comparar a la seguridad que viene al obedecer los mandamientos de Dios.

¡Qué gran bendición es el participar en el plan de salvación! El poder de traer vidas a este mundo se debe considerar como entre las cosas más sagradas que existen en este mundo. Las normas de Dios se deben respetar, y entonces se verán las grandes bendiciones que el Señor ha preparado.

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