Este no es un sitio oficial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Mandamientos

Una de las historias más impresionantes del Libro de Mormón es el relato de la visión del árbol de la vida de Lehi. En la visión, él ve a multitudes de personas esforzándose por llegar al árbol de la vida, y participar del fruto que “era deseable para hacer a uno feliz” (1 Nefi 8:11). El único camino hacia el árbol era estrecho y angosto, y se extendía al lado de una barra de hierro. Si las personas superaban todos los obstáculos que se les presentaban, y avanzaban firmemente sujetos a la barra de hierro, alcanzaban el árbol y su fruto. Toda la visión es una representación de cómo lograr la felicidad en esta tierra. El árbol representa el amor de Dios, y participar de él representa la felicidad. La barra de hierro, que conduce a Dios y a la felicidad, representa la palabra de Dios y sus mandamientos. De todas las lecciones que se pueden aprender de la visión de Lehi, una de las más importantes es ésta: la obediencia a los mandamientos de Dios conduce a la felicidad.

Los mandamientos de Dios no son restricciones, si no que conducen a nuestro bienestar. Él es mucho más sabio que nosotros, y sabe muy bien cómo guiarnos. Por medio de Isaías, Dios dijo: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” Aunque el hombre no esté de acuerdo con lo que Dios pida, Su sabiduría siempre excede la nuestra. Algo similar se ve en los consejos que un padre da a su hijo. El padre tiene más experiencia que su hijo, y con su amor desea conducirlo por la vida en la manera más segura posible. El mismo amor que inspira los consejos del padre, inspira a Nuestro Padre Celestial en los mandamientos que Él extiende. La obediencia a los mandamientos de Dios trae bendiciones. En su discurso, el Rey Benjamín se refirió a las bendiciones que trae la obediencia. Una de las más poderosas es la siguiente: “quisiera que consideraseis el bendito y feliz estado de aquellos que guardan los mandamientos de Dios. Porque he aquí, ellos son bendecidos en todas las cosas, tanto temporales como espirituales; y si continúan fieles hasta el fin, son recibidos en el cielo, para que así moren con Dios en un estado de interminable felicidad” (Mosíah 2:41). Y José Smith enseñó claramente: “cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa” (Doctrina y Convenios 131:21). Se podría decir que un mandamiento de Dios está sujeto a una bendición, y cuando se cumple el mandamiento, se extiende la bendición.

A veces la obediencia a los mandamientos de Dios no es el curso más fácil de llevar, pero los mandamientos siempre se deben de cumplir. Puede resultar muy difícil obedecer. Uno de los obstáculos más comunes es la soledad en la obediencia. El hecho de que el mundo no esté de acuerdo con los mandamientos de Dios, no es razón para dejarlos a un lado. Daniel y los tres jóvenes hebreos estaban bajo mucha presión a desobedecer los mandamientos en el reino de Nabucodonosor. Las personas del reino querían que ellos dejaran de orar, que ingirieran alimentos prohibidos, y que adoraran a otros dioses. A pesar de la gran presión sobre ellos para desobedecer, ellos fueron fieles y el Señor los prosperó. Obedecer no es fácil con la oposición que presenta el diablo. Pedro escribió: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). Su esfuerzo es hacer desviar a los hombres del camino a Dios y a la felicidad. Cuando los hombres obedecen en circunstancias difíciles, Dios se recuerda especialmente de ellos. En 1831, el Señor reveló las siguientes palabras de consuelo a los primeros miembros de la Iglesia: “bienaventurado es el que guarda los mandamientos, sea en vida o muerte; y el que es fiel en la tribulación tendrá mayor galardón en el reino de los cielos. Por lo pronto no podéis ver con vuestros ojos naturales el designio de vuestro Dios concerniente a las cosas que vendrán más adelante, ni la gloria que seguirá después de mucha tribulación. Porque tras mucha tribulación vienen las bendiciones” (Doctrina y Convenios 58:2-4). A pesar de las dificultades que se presenten, obedecer los mandamientos de Dios siempre es el camino adecuado.

En la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, se espera que los miembros sean obedientes a los mandamientos. Dios ha revelado sus normas a los líderes de la Iglesia y no es su lugar cambiarlas, sino defenderlas. El Presidente Boyd K. Packer, presidente del Quórum de los Doce Apóstoles enseñó: “Nosotros no fijamos las normas pero se nos manda enseñarlas y mantenerlas. La norma se mantiene: abstinencia antes de casarse y fidelidad total en el matrimonio. No obstante cuán diferentes parezcamos para el mundo, no obstante lo ridiculizadas que sean nuestras normas, no obstante cuánto sucumban a la tentación otras personas, nosotros no vamos a ceder, no podemos ceder” (“El estandarte de la verdad se ha izado” Liahona, noviembre 2003). El reproche de Alma a su hijo Coriantón, en el Libro de Mormón, se aplica a todos los que se han dejado influir por las decisiones de los demás: “pero no era excusa para ti. Tu debiste haber atendido al ministerio que se te confió” (Alma 39:4). En la Iglesia se espera que los miembros utilicen de manera adecuada su albedrío. A José Smith se le preguntó una vez qué hacía para gobernar tan bien a los miembros de la Iglesia, y él respondió: “Les enseño principios correctos y ellos se gobiernas a sí mismos” (citado en Uchtdorf, D.F. 2008, “Cultivemos los atributos de Cristo” Liahona, oct. 2008). Después de todo, la manera en la se utiliza esta libertad de escoger determina nuestra recompensa. Alma explicó que Dios, “concede a los hombres según lo que deseen, ya sea para muerte o para vida; sí, sé que él concede a los hombres, sí, les decreta decretos que son inalterables, según la voluntad de ellos, ya sea para salvación y destrucción” (Alma 29:4, cursiva agregada). Las normas no van a cambiar sólo porque el mundo cambia, y Dios espera que sus hijos se mantengan fieles a ellas.

El obedecer los mandamientos de Dios trae grandes recompensas. Dios no mandaría nada que no fuera para nuestro bienestar y desarrollo. Así que aunque no sea conveniente, ni fácil, ni aceptado por la sociedad, la responsabilidad de los hijos de Dios es obedecer los mandamientos de Dios. Ya que la Iglesia lo representa a Él sobre la tierra, los líderes autorizados, que dirigen su obra aquí, jamás cambiarían las normas reveladas por Él. El deber de los miembros de la Iglesia es aprender estas normas y obedecerlas. A continuación se presentan algunos de los mandamientos que es necesario que una persona acepte antes de ser bautizado en la Iglesia.

Palabra de sabiduría
Ley de castidad
Día de reposo
Ley del diezmo

One Response to “Mandamientos”

  1. como hijos de Dios eterno viviente, por que no retribuir el amor q el nos ha dado, cumpliendo la palabra de sabiduria,con la castidad, el dia de reposo y el diezmo,porque el ser humnao que no tenga Fe y Amor es como una estatua de barro, y como hijos espirituales que hemos vivido con nuestyro padre celestial, tenemos la oportunidad de regresar a casa, para vivir con el por la eternidad.

    Reply

Deje un comentario