Albedrío y apostasía

“…Podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido.”

(Moisés 3:17)

Desde el principio, Dios ha tratado de comunicar al hombre los principios que le traerán paz y felicidad. El propósito de esta vida es que los hombres aprendan y vivan estos principios a pesar de las dificultades que surjan al hacerlo. Al elegir vivir los principios de Dios, como el amor al prójimo y el arrepentimiento, para nombrar sólo dos, el hombre crece y comienza a desarrollar atributos semejantes a los de Dios. Pero la manera en la que Dios ha compartido sus enseñanzas jamás destruye la libertad que tiene el hombre de escoger.

En las escrituras se encuentra la palabra de Dios. Al leerlas una persona puede aprender del trato de Dios con el hombre desde el principio del mundo. También contienen los mandamientos de Dios, las bendiciones prometidas a los obedientes, y ejemplos de grandes personas que vivieron estos principios y recibieron las bendiciones. Pero las escrituras no tienen el poder para obligarnos a obedecer los mandamientos de Dios.

El Espíritu Santo nos orienta hacia Dios. Cuando una persona escucha la verdad, el Espíritu conmueve su corazón y esta persona sabe, sin duda alguna, que lo que está escuchando es de Dios. Pero a pesar de estas impresiones, muchos deciden no obedecer la guía de Dios, y aunque no es la decisión correcta, tienen el derecho de hacerlo.

Por la naturaleza de la obra que tienen que hacer, los profetas son la manera más evidente de la manera en que obra Dios. Ellos son representantes autorizados de Dios. Mientras obran bajo la inspiración de Él, hablan como Él lo haría, y hacen lo que Él haría. Los principios que enseñan los profetas representan el camino hacia la felicidad y seguridad en esta vida, y la vida eterna después de ésta. Pero los profetas no pueden obligar a nadie a obedecer los mandamientos de Dios. Sólo pueden exhortar, invitar, predicar y ser ejemplos hasta que Dios decida que su obra ha sido suficiente. Como Dios, los profetas utilizan sus vidas para bendecir al mundo.

Los hombres tienen la libertad de escoger. Esta libertad es un don de Dios. Lehi, el primer profeta del Libro de Mormón enseñó: “por tanto, el Señor Dios le concedió al hombre que obrara por sí mismo” y más adelante, “…y son libres para escoger la libertad y la vida eterna…o escoger la cautividad y la muerte” (2 Nefi 2: 16, 27). Toda persona puede distinguir entre el bien y el mal. En 2 Nefi 2: 5 se lee: “Y los hombres son suficientemente instruidos para discernir el bien del mal.” Esto se refiere a la capacidad de cada persona de sentirse bien cuando hace el bien y de sentirse mal cuando obra mal. Esta capacidad de categorizar una acción como “buena” o “mala,” y la libertad de elegir entre ambas opciones, constituyen el libre albedrío.

Dios dio a los hombres la libertad de elegir sus acciones, pero ellos no tienen control sobre las consecuencias de éstas. Jesucristo enseñó: “no puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” (Mateo 7: 18). Una persona obrando el bien, aunque tenga que sacrificarse para actuar de esa manera, no puede sentirse mal al hacerlo. De la misma manera, una persona que obra el mal, no puede sentir satisfacción o felicidad como consecuencia de sus acciones. Alma, un profeta del Libro de Mormón enseñó a su hijo: “No vayas a suponer…que serás restaurado del pecado a la felicidad. He aquí, te digo que la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10). Los hombres pueden elegir sus acciones, pero están sujetos a las consecuencias.

Los hijos de Dios no siempre eligen obedecer a los mensajeros enviados por Él. Dado que Dios respeta Su libertad, Sus hijos no están obligados a obedecer a sus mensajeros. Si una persona decide no obedecer a los profetas, o si decide cambiar las enseñanzas de ellos, vive en un estado de oscuridad espiritual. Esta oscuridad espiritual se llama “apostasía.” Si una persona vive en un estado de apostasía, no puede disfrutar de las bendiciones de Dios en su vida. Cuando la apostasía se generaliza en un pueblo, Dios retira a sus profetas de entre ellos.

One Response to “Albedrío y apostasía”

  1. yolanda castro dice:

    estoy agradecidor tener el don del albedrio ,por que de otranere serimposible progresar aqui en lierra,yo entiendo muy bien que debe haber oposicion en todas las cosas,por eso conociendo el bien y el mal ,trato de seguir esucristo por que mi mets volver ivir con el y mi Padre Celestial nuevamente.

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