Restauración

“Declaramos sin duda alguna que Dios el Padre y Su Hijo, el Señor Jesucristo, se aparecieron en persona al joven José Smith.”

Gordon B. Hinckley

En la primavera de 1820, el joven José Smith, en ese entonces de catorce años de edad, recibió la visita de Dios el Padre y de Jesucristo. Ese evento, que sucedió en una arboleda retirada y a un joven desconocido, resultó ser uno de los acontecimientos más importantes en la historia del mundo. Marcó la culminación de una búsqueda intensa de parte de José Smith. Dio fin a siglos de silencio entre Dios y el hombre. Señaló el inicio de la obra de Dios sobre la tierra en estos días.

Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocidos también como mormones, no somos tan diferentes a los miembros de las otras iglesias cristianas. Creemos en Dios, y lo reconocemos como nuestro Padre Celestial. Adoramos a Jesucristo como nuestro único salvador, y creemos que Su sacrificio hizo posible nuestra felicidad eterna. Aceptamos la Biblia como la palabra de Dios. Tratamos de vivir las enseñanzas de Jesucristo que allí se encuentran, y tratamos de seguir su ejemplo de “andar haciendo bienes” (véase Hechos 10:38).

La diferencia entre nosotros y las otras iglesias es que creemos que Dios se sigue comunicando con el hombre por medio de revelación continua. En Amós 3:7 se lee: “Porque no hará nada Jehová el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.” La Biblia en sí es un testimonio de que Dios hablaba con el hombre en la antigüedad. En el Nuevo Testamento, Pablo identifica la Fuente del evangelio que enseñaba con tanto afán: “ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.” José Smith y sus sucesores son un testimonio poderoso de que Dios sigue Su trato con el hombre, y que sigue preocupado por nuestro bienestar.

En los artículos que se presentan a continuación, se explica porqué era necesario que un hombre como José Smith fuera llamado como profeta.  Para entender esto, es importante conocer la naturaleza de Dios, entender el principio del albedrío y el papel de los profetas, y comprender los efectos de la apostasía. El propósito de presentar estas doctrinas no es convencer, sino explicar. Como dijo Gordon B. Hinckley, decimoquinto profeta de la Iglesia: “Invitamos a todos, a la tierra entera, a que escuchen este relato y evalúen su veracidad. Dios nos bendiga por creer en Sus manifestaciones divinas y nos ayude a extender el conocimiento de esos extraordinarios y gloriosos sucesos a todos los que estén dispuestos a escuchar. A éstos decimos en un espíritu de amor: traigan todo lo bueno y toda la verdad que hayan recibido de cualquier fuente y veamos si podemos añadir a ellas” (Hinckley, G.B. El maravilloso fundamento de nuestra fe Octubre 2002).

Dios es nuestro amoroso Padre Celestial

El evangelio bendice a las familias

Dios obra por medio de los profetas

El albedrío y la apostasía

Las dispensaciones

El ministerio personal de Jesucristo

Tolstoy

La Iglesia de Jesucristo

La Gran Apostasía

Los reformadores

El llamamiento de José Smith

El restablecimiento de la Iglesia de Cristo

El Libro de Mormón

Cómo saber si el mensaje de la restauración es verdadero

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