Fe
El primer principio del evangelio es tener fe en Jesucristo. La fe se define como tener “esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas” (Alma 32:21). Para que la fe sea eficaz, debe de estar centrada en Jesucristo y debe de impulsar a la acción.
La fe verdadera está centrada en Jesucristo. La fe refleja una esperanza de obtener la salvación y la vida eterna. Las escrituras enseñan que “no se dará otro nombre, ni otra senda ni medio, por el cual la salvación llegue a los hijos de los hombres, sino en el nombre de Cristo, el Señor Omnipotente, y por medio de ese nombre” (Mosíah 3:17, Hechos 4:12). Si deseamos lograr una esperanza en la vida eterna, la salvación y el perdón de pecados, debemos de tener fe en Jesucristo.
La fe en Jesucristo impulsa a obedecer los mandamientos de Dios. La fe es una confianza en que Dios es en verdad tan bondadoso, misericordioso, amoroso y justo como se le describe. Una persona con esa convicción no necesita recibir una explicación para cada mandamiento que recibe, sino que dado que ya conoce a Dios, de buena voluntad cumple con el mandamiento que recibe. Esto no representa una fe ciega, sino una disposición humilde. Por medio de esta fe, muchos han podido obrar milagros (véase Hebreos 11, Éter 12).