Este no es un sitio oficial de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Don del Espíritu Santo

La segunda ordenanza del evangelio es la recepción del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad. Es un personaje de espíritu, sin carne y huesos, y su influencia se puede sentir en todos lados al mismo tiempo. La obra del Espíritu Santo es de testificar del Padre y el Hijo, y de revelar la verdad.  Hay una diferencia entre el Espíritu Santo y el don del Espíritu Santo.

El don del Espíritu Santo es un privilegio que recibe una persona que ha sido bautizada y confirmada miembro de la Iglesia, para que pueda recibir guía e inspiración del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo puede guiar a una persona en forma temporal, antes de que hay recibido el don del Espíritu Santo, pero esa guía se retirará a menos que la persona sea bautizada y reciba el don del Espíritu Santo. En la actualidad, todos pueden aprender de la veracidad del Libro de Mormón por medio del poder del Espíritu Santo (véase Moroni 10:4-5), pero este testimonio se puede apartar después de que se recibió si no es seguido por el don del Espíritu Santo. Sólo las personas que reciben el don del Espíritu Santo pueden recibir esa guía continua.

Todo élder digno de la Iglesia puede otorgar el don del Espíritu Santo a otra persona, cuando se le solicita. Toda persona bautizada en la Iglesia necesita recibir el don del Espíritu Santo. El Señor ha dado instrucciones en cuanto a cómo comunicar este don.  Él dijo: “Y por la imposición de manos confirmaréis en mi iglesia a quienes tengan fe, y yo les conferiré el don del Espíritu Santo” (Doctrina y Convenios 33:15). Recibir la imposición de manos no es equivalente a recibir el don del Espíritu Santo. La imposición de manos sólo es una invitación a recibir el Espíritu Santo.  El Espíritu Santo sólo vendrá cuando la persona que lo quiere recibir sea fiel y sienta el deseo de que ese mensajero celestial le ayude.

El don del Espíritu Santo es uno de los dones más grandes que Dios nos ha dado. Por medio del Espíritu Santo podemos saber que Dios vive y que Su Iglesia está nuevamente sobre la tierra.  El Espíritu Santo nos santifica y nos prepara para vivir en la presencia de Dios. Este don nos trae paz al corazón y nos hace sentirnos cerca de Dios.

  • Share/Bookmark

Deje un comentario